Boulevard Chenaut

Las Cañitas” es la denominación informal y no oficial de un sector de unas 20 manzanas dentro del barrio de Palermo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El nombre proviene del hecho que en el actual predio del barrio existía una quinta llamada “Las Cañitas”, la cual estaba ubicada entre la actual Avenida Luis María Campos, y la Avenida del Libertador. La quinta existió hasta principios del siglo XX. Se la denominó de esa manera por el cañaveral que había en los bajos del arroyo Maldonado.

Aunque los límites de esta zona no están exactamente marcados, puede decirse que las Cañitas está situado entre la Avenida Luis María Campos, la calle Ortega y Gasset, la Avenida Dorrego y la Avenida del Libertador, rodeando el Campo Hípico Militar y limitando con el sector llamado “La Imprenta” que se extiende a partir de la calle Benjamín Matienzo.

En los últimos años, tanto Las Cañitas como La Imprenta han venido experiementando una explosión de construcción de edificios de alta categoría y grandes torres, esto es debido al crecimiento económico del país y a que la zona es de alto poder adquisitivo.

Las Cañitas siempre se caracterizó por ser muy tranquilo, por el hecho de estar arrinconado por diagonales (Luís María Campos) y por estar pegado al Club de Polo de Palermo; pero esto cambió a partir de mediados de la década del ’90, años en los que comenzaron a instalarse muchos restaurantes, pubs y discotecas.

Debido a ello, este “barrio no oficial” cuenta en la actualidad con un gran movimiento nocturno, siendo la zona especialmente cara y con edificios muy modernos.

De día la zona es muy tranquila, con poco tráfico de vehículos por la organización que tienen las calles del barrio. De noche el barrio se transforma debido a la cantidad de pubs, restaurantes y discotecas que se han instalado en los últimos años.

El Boulevard Chenaut (en las fotografías), lindero con las canchas de polo, es uno de los más gratos espacios de sombra que posee la ciudad.

Viva el asado!

Graffiti sobre la parte posterior del abandonado Policlínico Ferroviario Central, en Av. de los Inmigrantes y Av. Castillo, en el barrio porteño de Retiro.

El asado es una técnica de cocción en donde los alimentos (generalmente cortes de carne vacuna) son expuestos al calor de fuego o brasas con el objetivo de cocinarlos lentamente.

Anarquía

El anarquismo (la filosofía política que propone una utópica sociedad de libertades individuales, sin autoridad ni poder público, basada en la ayuda mutua y la cooperación voluntaria) tiene antecedentes en la República Argentina desde el siglo XIX, con la influencia del inmigrante italiano Enrico Malatesta. A principios del siglo XX el anarquismo en Argentina tuvo su apogeo con la Federación Obrera Regional Argentina, una organización de tipo anarcosindicalista; represiones sindicales dieron lugar a las llamadas “Semana Trágica” y “Patagonia Trágica“. En la actualidad, el anarquismo en Argentina se dedica a la difusión de ideas y a la propaganda, mediante periódicos y bibliotecas, más que a la organización sindical.

Ah… el movimiento anarquista también se expresa ensuciando las paredes y afeando la ciudad a través de espantosas leyendas pinturrajeadas con aerosol, como se aprecia en esta fotografía tomada en la esquina de Rivadavia y Maipú, en pleno microcentro porteño.

La París de América Latina

Hacia los inicios del siglo XX, Argentina era una de las naciones más desarrolladas del planeta. De ser un amplio, lejano y desértico territorio colonial, pasó a ser una nación avanzada, desarrollada y llena de oportunidades, que atrajo a millones de inmigrantes.

Argentina se forjó como un país rico, avanzado, en algunos aspectos muy parecido culturalmente a Europa y muy distinto de Latinoamérica. Con su extenso territorio y sus abundantes recursos, inició su desarrollo a la par de actuales potencias como Canadá y Australia. Al tener tan poca población indígena, era necesario conseguir mano de obra, por lo que se fomentaron políticas migratorias y se importó del extranjero usos y costumbres que la diferenciarían de los países vecinos.

Argentina, hace 100 años, parecía tener un destino de grandeza asegurado. Buenos Aires era “la París de América del Sur”, y su éxito económico era admirado alrededor del mundo.

Pero esta situación llegó paulatinamente a su fin, transformando el éxito argentino en un rotundo fracaso colectivo.

A partir de 1945, y con la instauración de sucesivos regímenes demagogos y populistas, se fueron sucediendo una serie de crisis económicas y sociales en la historia del país, lo que hizo que Argentina retrocediera inexorablemente en su camino.

Hoy día, del aquel país pujante, orgulloso de ser la avanzada de Europa en América Latina, de su educación, su cultura, su refinada sociedad… sólo queda la amarga conciencia de su propia decadencia.

El pasado… transformado

El Cabildo de Buenos Aires, como se conoce al edificio que albergaba la institución del mismo nombre, era la sede capitular de la administración colonial del Reino de España en la Ciudad de Buenos Aires, que cobró importancia al designarse capital del Virreinato del Río de la Plata creado en 1776.

Situado en la calle Bolívar 65, ocupa un solar asignado por Juan de Garay en 1580 frente a la Plaza de Mayo, el centro fundacional de la ciudad. Durante la Revolución de Mayo de 1810 se pronunció en él la formación de la Primera Junta, órgano de gobierno subrogante de la autoridad virreinal y el primero en el territorio con fines republicanos y veladamente independentistas.

El edificio, declarado Monumento Histórico Nacional desde el año 1933, fue objeto de sucesivas alteraciones, fijándose su aspecto actual en el año 1940. Hoy alberga el Museo Histórico Nacional del Cabildo y de la Revolución de Mayo.

La torre, elemento característico en los ayuntamientos medievales, se incorporó definitivamente en 1765. Aunque luego sufrió drásticas modificaciones. En 1879, avanzó el proyecto para instalar en el antiguo edificio la Cámara Civil, ya que el Poder Judicial no poseía aún un edificio propio. El arquitecto Pedro Benoit diseñó una reforma integral: elevó la torre diez metros y colocó una cúpula azulejada con aires nórdicos, el techo perdió sus tradicionales tejas y los balcones fueron vestidos con balaustradas, la arcada principal enmarcada por columnatas y toda la fachada recibió un tratamiento italianizante.

Los gustos por la moda europea hacían que la arquitectura colonial fuera vista como pobre e insípida, motivo por el cual el Cabildo fue sencillamente disfrazado, perdiendo proporcionalidad y autenticidad: la desgarbada torre no tenía nada que ver en estilo con las arquerías coloniales ni con las balaustradas. Sin embargo, permanecería así por casi una década, como puede apreciarse en esta fotografía de 1879.

De los once arcos originales, solamente quedaron cinco.

En 1889, debido a la apertura de la Avenida de Mayo, el ingeniero Juan Antonio Buschiazzo tuvo que demoler un costado del Cabildo, con lo cual desaparecieron los tres arcos del lado norte. Se aprovechó la oportunidad para demoler la torre construida por Benoit, pues su excesivo peso ponía en peligro la estabilidad de la construcción. De esta manera el edificio perdió su simetría frontal, hasta que en 1931 se demolieron los otros tres arcos del lado sur para abrir la Diagonal Julio A. Roca.

En 1940, el arquitecto Mario Buschiazzo devolvió el aspecto colonial original al Cabildo, retirando los elementos italianizantes, basándose en diversos documentos históricos. Fueron reparados los tejados, las herrerías y la carpintería. La torre se reconstruyó con una altura menor a la de la época colonial, en un intento de simular las proporciones del edificio sin restituir las partes demolidas. El restaurado edificio fue inaugurado el 12 de octubre de ese mismo año, manteniendo a partir de entonces el aspecto que conserva hasta nuestros días.